Capítulo VIII
La casa de Mat no quedaba lejos de la de Helena, de modo que ella llegó a su casa en un santiamén.
No tenía en absoluto ganas de pensar, y se encontraba muy mal, de modo que se metió en la bañera y se dió una ducha rápida con el agua muy caliente.Luego, se tomó un gelocatil, encendió su portátil y se metió en la cama.Cinco segundos más tarde estaba dormida.
El característico sonido de un nuevo mensaje instantáneo de su messenger la sacó de su sueño una hora más tarde.Helena maldijo por lo bajo, y se prometió acordarse de desactivar la opción que iniciaba la sesión de su messenger cada vez que encendía el ordenador.
Miró la pantalla, y descubrió para su agrado que quien le hablaba era Amanda Luna, su mejor amiga.
-Ola!! Ke tal??-había escrito
-Dichosos los ojos!-contestó a su vez Helena-hoy eres amanda o luna?
-Hoy soy mandy, tía xD
-Jajajaja ok.Mandy entonces-Helena se rió de aquel juego tan particular entre su amiga y ella-ke tal le va a mi amiga la jipiosa por las tierras vampíricas.
-Pues mu bn, helenita, todo genial.Y no hay ningún vampiro.Pablo está compungido por eso-bromeó.
Helena conocía a Amanda Luna desde que ambas eran pequeñas, y desde el principio se habían llevado genial.Su amiga era superhippie, y siempre andaba metida en manifestaciones de Greenpeace u otras asociaciones y muchas veces conseguía arrastrar a Helena consigo.
Desde que Zarek murió, no había dejado a su amiga sola ni a sol ni a sombra, pero ahora se había ido de viaje a Rumanía con su novio y algunos amigos hippies en una caravana.Había intentado llevarse a Helena, pero ésta se había negado rotundamente a realizar esa clase de viajes, alegando que tenía que trabajar.
-Y a ti ke tal te va x alli?-le estaba preguntando su amiga.
-Bien nada nuevo, lo d smpre-mintió Helena, ya le contaría cuando volviese, cara a cara y juntas encontrarían una solución seguro.
-Ps yo me tengo que ir L.Sta gnte se va ya,jo.
-Vya…bueno ya hablaremos linda! ^^ y vuelve pronto ke te echo de menos!!
-Si no tardare!! Te quiero chiquitajaaaa!!-y se desconectó, dejando a Helena con una sensación de vacío muy grande.
No había tenido tiempo ni de sentirse sola cuando sonó el timbre de su puerta.
Helena reflexionó un momento ¿Quién podía ser? Usualmente, solo la visitaba su amiga Amanda Luna.A lo mejor era Matías, pero sinceramente lo dudaba.Y Ramiro desde luego que no era.
El timbre volvió a sonar con insistencia, sacándola de sus ``profundas´´ reflexiones.
Helena corrió a mirar a través de la mirilla y casi le dio un síncope ¡Era Pietro, en todo su esplendor! ¡Y ella sin peinar!
Rápidamente, Helena comenzó a peinarse con las manos en el espejo que había en el recibidor, detrás de ella.
-Espero que todo ese innecesario acicalamiento no se deba a mi presencia-Sonó una voz aterciopelada tras la puerta.
Helena abrió la puerta y se quedó mirando a aquella belleza alta y musculosa. ¿Cómo había sabido lo que estaba haciendo?
-Y menos cuando la dama es tan hermosa-Añadió colándose por la puerta.
Helena lo estudió meticulosamente.Hoy, vestido conun vaquero azul, un sencillo jersey celeste y unas converse negras, parecía distinto al día anterior cuando lo había visto en casa de aquella mujer, vestido de chaqueta.Distinto, que no menos hermoso.
-¿Qué le trae por aquí?-consiguió articular
-¿Podríamos tutearnos?-preguntó él, para acto seguido anunciar-Sí, podríamos tutearnos.Lo que me trae por aquí, Helena, es ver como va ese relato.
-No he empezado…
-Por supuesto que no has empezado.
-…Ni lo voy a hacer.-le desafió.
-Helena,¿no entiendes que Clara es peligrosa? Las amenazas, las cumple.
-Me da exactamente lo mismo.Encontaré la forma de que no se salga con la suya.
-No puedes hacer eso-replicó el exasperado-Hazme caso.
-¡No voy a hacer lo que a ese arpía le dé la gana!-se exasperó ella a su vez-Y si quieres, puedes irle con el cuento, maldito secuaz.
-No soy ningún secuaz, solo trabajo para ella-le explicó-Por eso he venido a advertirte.
-¿A advertirme o a convencerme?
-Esto se está convirtiendo en un diálogo de besugos.Helena, ¿Te importaría hacer el favor de…?
-¿Quieres un café?-Le interrumpió ella de mal talante.
-¡Por supuesto que no quiero un maldito café! ¡Quiero que entres en razón y que obedezcas!-Rugió.
-Obedecer ciegamente no va conmigo, ni mucho menos.Y tampoco suelo consentir que me griten-Explicó ella fríamente.
-Lo siento-se disculpó Pietro lentamente-Solo quiero advertirte de que no es buena idea que contradigas a Clara, ni yo mismo debo hacerlo.
-Tu eres su perrito faldero-Apuesto a que incluso te obliga a hacerle cierto tipo de favores…-apuntó Helena con maldad
La mirada de Pietro lo traicionó.
-¡¿QUÉ?!-se escandalizó Helena-Eres…eres…¿ERES SU ESCLAVO SEXUAL O QUÉ?
-Ni mucho menos, Helena-contestó lentamente Pietro-Clara y yo somos amantes.
No sabía exactamente por que, pero en ese momento, a Helena se le cayó el mundo encima.
-¿Qué tal si me invitas a ese café y hablamos?-Dijo Pietro tras un largo e incómodo minuto de silencio.
Helena salió de su estupefacción y asintió rápidamente-Sí claro.Pero no he preparado café…espera aquí y lo traigo-ofreció.
-Preferiría, si no te importa, acompañarte.Molestar a las señoritas como tu es mi especialidad.
Helena puso los ojos en blanco.Aquel tipo era tan molesto y divertido a la vez.Por no mencionar que estaba muy bueno.Bueno sí, mejor mencionarlo.
-Acompáñame si quieres.Me viene muy bien tener a alguien que me alcance los tarros de los estantes-contestó, y se dirigió muy digna hacia la cocina.
Mientras Helena desordenaba y rebuscaba por cada rincón de la cocina, Pietro miraba inquisitivamente a su alrededor, y luego dirigía la vista a Helena que parecía muy estresada, y soltaba una risita.
-¿Qué?-preguntó ella al cabo, irritada.
-Resultas divertida-afirmó él carcajeándose ante su expresión.-Es fascinante lo mal que te desenvuelves en tu propia cocina.
Helena hizo un ademán de fastidio y continuó buscando la cafetera desesperadamente, mientras Pietro seguía riéndose.
-Está en ese armarito, el de la derecha-dijo al cabo de un par de minutos.
-Desde luego que no está ahí-refunfuñó ella abriéndolo.Ahí estaba su cafetera morada.
Helena se volvió lentamente hacia la perfecta escultura rubia que le sonreía con aire inocente-¿Cómo carajo has sabido eso?
-¡Fácil! Llevas media hora rebuscando por la cocina pero aún no has mirado ahí.Elección por descarte de opciones-Anunció radiante.
-¿Y lo de la puerta?-preguntó ella poco convencida.
-Haz café-ordenó Pietro-Me prometiste un café.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




0 comentarios:
Publicar un comentario