Capítulo I

6:26 de la madrugada, los cristales empañados y la cama están tan fríos…
Aún dispone de exactamente 34 minutos para seguir durmiendo, pero se ha despertado a causa de una pesadilla,con toda la ropa de la cama tirada por el suelo.
Tiene demasiado frío y miedo como para volver a sumergirse en sus sueños… ¿qué más da? De todas formas no son sueños agradables…
Se despereza y se frota los ojos.Tiene el rostro húmedo ¿ha llorado? Trata de recordar en que ha consistido su pesadilla,a veces eso ayuda…aparecía con alguien,en algún lugar, pero no recuerda nada más, en lugar de eso se le aparecen recuerdos que tenía relegados en su mente,recuerdos que no desea pero que son imposibles de deshacer. De pronto recuerda una frase que cree haber oído alguna vez, probablemente de cuando iba al instituto: `Durante el sueño,la censura que separa consciente de subconsciente se hace más débil…´´ Debe de haber sido eso,su censura debilitada,que ha ayudado a aflorar eso recuerdos proscritos.
Se estremece, odia cuando tiene sueños desagradables que no logra recordar,pero cuyos fragmentos se le aparacen durante el día durante un instante,como si se tratara de espectros. Suena ``Same mistake´´ en su despertador, lleva exactamente 34 minutos divagando.
Quizá sea el mejor momento para levantarse de la cama y afrontar la realidad que le espera fuera. De nada sirve demorarse por más tiempo, así que se viste con poco más que lo habitual.Hace bastante frío fuera, apenas entra luz por la ventana, y el amanecer aún está lejano, por lo que decide enfundarse en su chupa de cuero que tantas otras veces le ha acompañado en días difíciles.
Se mira en el espejo, y no encuentra nada fuera de lo habitual.Su pelo rubio ondulado perennemente desordenado (por mucho que se lo peine y repeine) y sus ojos verdes, nada más.Hace una mueca de desconcierto.
El cristal del espejo se ha empañado por el vapor de la ducha y ella intenta borralo con los dedos,como si realmente lo que quisiera fuera eliminar su difuminado rostros de esa superficie de cristal.Pero su cara seguía allí,mirándola como si fuera la de una extraña…mirándola como si dijera:
-¿Has sido tú? ¿Crees que puedes engañarme a mí? ¿A mí que lo sé todo de ti? No,a mi no puedes borrarme,ni tan siquiera lo intentes.
Sobresaltada,se aparta del espejo,y cuando vuelve a mirarlo ya no hay nada fuera de lo común allí,solo su expresión…desconcertada.
Se marcha a la cocina y se pone a hacer café.En realidad no sabe por que lo hace,ya que odia esa bebida (especialmente por las mañanas).Puede que lo haga para despejarse de la pesadilla,o quizá porque es lo que ha estado bebiendo desde hace mucho tiempo y realmente le cuesta cambiar las viejas costumbres.
Cuando la cafetera empieza a silbar,saca una taza del mueble que hay sobre el fregadero.Se queda mirando la taza,no parece haber nada extraño en ella,la misma taza verde de siempre.Pero sin embargo ese color…le trae una ráfaga de su mal sueño a la cabeza...
No sabe si es de día o de noche, se encuentra en algún tipo de subterráneo que no puede identificar, la luz mortecina sólo viene de un viejo fluorescente suspendido tétricamente del techo y que se balancea con la misma corriente de aire que le provoca esos tremendos escalofríos.
Alguien está con ella, siente su aliento en la nuca y se vuelve temerosa para descubrir un abrupto acantilado en medio de un mar embravecido y tormentoso. Su pulso se acelera, el corazón le late muy rápido y no puede controlar su miedo a lo desconocido, siente que le faltan las fuerzas y algo sólido y frío aferra sus muñecas fuertemente. Un instante después, suena la sirena de lo que parece una escuela abandonada mientras nota como le golpean en el pecho desde dentro, quiere gritar su terror pero su garganta agarrotada no alcanza ni un simple quejido silencioso.
Se encuentra sentada, no pudiendo moverse apenas, agobiada por la inquietud que le provoca esa pizarra, verde por supuesto, que observa en la pared. Hay algo escrito, necesita verlo como sea porque ahí se halla la solución a todos sus temores. Despega su espalda de la silla, se incorpora y se acerca lentamente, pero justo antes de poder vislumbrar nada, algo le golpea a la altura del cuello y le hace caer al abismo. Una corazonada inquieta le dice que la primera palabra escrita es su nombre, y es durante estas cavilaciones que vuelve a oír esa maldita sirena, cruel sonido de la realidad. Al menos, de lo que ella cree que es la realidad, puesto que no hay nada claro ya. Cierra los ojos y al abrirlos se encuentra allí otra vez, como si nada de esto hubiera pasado... ¿pero, qué es ese quemazón que siente en su cuello?
Se lo frota con una mano,intentando mitigar la incómoda sensación,similar a la picadura de una avispa y corre a abrir la puerta,¿quién demonios será tan temprano?
Mareada,tropieza un par de veces hasta llegar a la puerta,toma el picaporte en la mano.
Allí se encuentra con el rostro más perfecto,el hombre más hermoso que jamás haya visto,que le sonríe como la cosa más normal del mundo.
Y sin embargo su sonrisa es poco tranquilizadora,le es asombrosamente familiar,y eso que está segura de no conocerle.Fingiendo una calma que en realidad no posee,pregunta:
-¿Y tú eres….?
-Nadie por quien deba preocuparse de momento,querida.-Contestó misteriosamente-Yo solo he venido a…traerle una cosa.
Y le puso en la mano un trozo de papel bastante lastimoso,doblado muchas veces sobre sí mismo,y con escaso cuidado a juzgar por el aspecto.
-Lea eso, señorita.Adiós …-Se dio media vuelta y se marchó.Ella no puedo evitar la tentación de quedarse mirando a su culo durante unos instantes.Luego reaccionó.
-¡Oye,tú!-quiso gritar,pero le salió una especie de susurro,y el tipo extraño ya había desaparecido…
Con el papelito en la mano,volvió a la cocina,evitando cuidadosamente el contacto visual con la susodicha taza.Se frotó de nuevo el cuello,desdobló el papelito y empezó a leer:

Nada me complacería más que una visita suya, señorita Verne.Un coche la esperará hoy a las 9:30 P.M junto a la plaza sobre la cual se encuentra su apartamanto.Hágame y hágase un favor y venga.
Clara Monfort

En comparación con el lastimoso estado del trozo de papel,la caligrafía resultaba extrañamente pulcra y bien cuidada,parece haber sido escrita hace poco.Le es imposible identificar la diminuta e intrincada firma,escrita con una letra diferente,pero está segura de no reconocer esa firma,sea de quien sea.
Si Helena hubiera sido cualquier otra persona, se habría sentido sumamente sorprendida, con un sobresalto rayano en la inquietud.Pero Helena era Helena,y todo lo que había vivido y era capaz de comprender le impedían sentir asombro por una mera nota de alguien desconocido,que parecía conocerla,saber donde vivía,y afirmaba poder ``hacerle un favor´´.
-Espero que no sea una de esa clase de favores a los que estoy acostumbrada-musitó para sí misma-Al menos ya tengo plan para esta noche.
Sonrió burlonamente,se guardó la nota en el bolsillo y canturreando una vieja canción de Dire Straits,salió por la puerta,extrañamente mucho más animada que cuando se había despertado.

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