Capítulo VII
Helena se despierta de un sueño pesado a causa del alcohol, un sueño sin pesadillas, pero con la extraña sensación de haber sido contemplada por los ojos azul oscuro de Zarek durante toda la noche.
Se incorporó en una cama que no era la suya y miró a su alrededor con la esperanza de reconocer donde estaba.Una punzada de dolor le atravesó las sienes.
Notó que entraban molestas cuchilladas de luz a través de la persiana.
Helena se sentía demasiado confusa y amodorrada como para pensar nada con coherencia, de modo que volvió a apoyar la cabeza sobre la almohada (con la consiguiente nueva punzada, que la hizo hacer una mueca) y se dispuso a cerrar los ojos.Fue entonces cuando lo vió.
La espalda desnuda de Matías frente a sus ojos, sus rizos castaños sobre la misma almohada en la que Helena había estado apoyando la cabeza, su delgado pecho subiendo y bajando rítmicamente al ritmo de su respiración, que escapaba a través de sus labios entreabiertos en forma de pequeños suspiros.
Matías dormía como un niño.
Helena se sintió deseperada… ¡Ay, no! ¿Habían ellos…?
Un rápido vistazo por debajo de las sábanas la alivió.Matías llevaba los mismos vaqueros que la noche anterior, y a excepción de los zapatos, Helena estaba completamente vestida.
A pesar de que le daba vueltas la cabeza, el cerebro de Helena trabajaba rápidamente.Era consciente de que no podía quedarse allí, de modo que por muy mal que se encontara, debía marcharse a su casa.
Se levantó de la cama todo los silenciosamente que pudo para ponerse los zapatos.Cuando rozó la espalda desnuda de Mat, este se removió y sonrió en sueños.
Helena se puso sus botas negras y echó un vistazo por el cuarto de su amigo.Era una habitación pequeña y poco amueblada, solo había una cama grande, un escritorio, una silla de madera y varios estantes.
En las paredes, Mat había colocado pósters de grupos de Rock antiguos (el de los Guns N´Roses la fascinó) y fotografías con sus amigos.
Encima del escritorio había un libro bastante gordo abierto por la mitad.Helena se acercó de puntillas a verlo.Era ``La Historia Interminable´´, de Michael Ende, un libro que le había encantado en la infancia.
Se dispuso a abandonar la habitación y la casa, pero antes no pudo evitar acercarse de nuevo a su amigo, que tan tiernamente dormía.
Pobre, cualquier otro se hubiera aprovechado de la situación, pero Matías era tan bueno…
Helena se le quedó mirando, con el rostro a pocos centímetros del suyo, y durante un segundo, casi sintió la tentación de besarle.Solo durante un segundo, y solo casi.
Mat dormía profundamente, con una expresión beatífica en la cara.Sus espesas pestañas rozaban sus pómulos.Parecía tan pequeño y tan frágil así dormido, que a Helena se le humedecieron los ojos sin saber por que.
Lentamente lo tapó con la manta, y le besó en la mejilla.Matías volvió a obsequiarla con un suspiro y con una de sus sonrisas de niño dormido.
Luego Helena avanzó por el pasillo y salió por la puerta.
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