Al ritmo de una canción de Los Secretos, a saber cual, llegaron a un bareto llamado ``La Eskina´´, que quedaba cerca de donde vivía Matías.
Este condujo a Helena hacia una mesa, y ordenó una ronda de tequila.
-Pero no me gusta el tequila-protestó Helena con suavidad.
-Pues te aguantas, esta noche invito yo, que para eso ando levantado como un tonto a estas horas para ir a buscarte.¡Y luego entretenerte!
Helena le miró con una sonrisa.
-En realidad no hubiese podido dormir-se sinceró el, sentándose de golpe-Estaba demasiado preocupado ¿Dónde estabas? ¿Por qué me enviaste ese mensaje, Helena?
Helena calló y miró fijamente al suelo.Cuando Matías intentó encontarla con sus ojos oscuros, ella rehuyó su mirada.
-Helena, ¿Dónde fuiste? ¿Estabas en peligro?-Ella seguía rehuyéndole, y Matías atrapó una de sus manos y la apretó con la suya.Estaba helada-Helena, necesito que me lo digas, por favor.
Entonces ella, para su terror, se echó a llorar como una niña pequeña, su cuerpo estremecido por continuos sollozos.
¡Ay no!, pensó Matías, nunca tenía ni puñetera idea de que hacer cuando una mujer lloraba en su presencia ¿les gustaba a ellas que las consolaras o que las dejaras en paz?
Además, a Helena nunca la había visto llorar.Matías dudó, luego se colocó rápidamente a su lado y le colocó una brazo torpe sobre los hombros.
-Helena, lo siento…no llores.No quería hacerte llorar-se disculpó, lleno de angustia y timidez-Mira, no me lo cuentes si no quieres ¿vale? Pero no llores.
Helena seguía llorando como una magdalena.
-¡Vas a hacerme llorar a mi también!-El modo en que ella lloraba, partía a Matías el corazón.
Entonces Matías empezó a hacer algo ridículo:intentó secarle las lágrimas que fluían incesantes por su rostro, con las manos.
Al darse cuenta de la estupidez que estaba haciendo, Helena se echó a reír, con la risa histérica y nerviosa de la gente que llora.
También Matías se rió entonces, y se carcajearon los dos como tontos que no saben ni lo que hacen, ante la atónita mirada del camarero que llegó a servirles la bebida.
-Entonces, asunto olvidado-Despachó Matías conciliador.
-No, Mat.Debo contártelo, no puedo dejarte así.
-Pero tú no quieres-le recordó él.
-Pero lo necesito-Helena suspiró-¿Sabías ya que mi padre escribía para la editorial Montenegro?
-Alguna vez le he oído mencionar esa editorial a Ramiro, hablando acerca de tu padre-asintió Matías-pero no sé nada de ella, lo siento.
Helena cabeceó-¿Y Zarek? ¿Sabes quién es Zarek? Quien era, quiero decir-se corrigió con un húmedo suspiro.
-Alguna vez lo has mencionado-Gruñó Matías.No le había gustado nunca ese chico, ni tampoco como se sentía Helena cada vez que su extraño nombre salía a relucir.
-Ya sabes algo-dijo Helena, y procedió a contarle la historia.No obstante, por algún motivo que no supo comprender, solo le habló por encima de Zarek, le contó más o menos lo que había sucedido a su padre con la editorial y como la heredera de la misma la haía chantajeado.No le apetecía contarle la historia desde el prinpio, ni hablar de Zarek, y menos con Mat.No se hubiese sentido cómoda.
Una hora más tarde, Helena había terminado de contarle a Matías toda la extraña historia, y se debatía entre la risa y el llanto.Matías, una vez se había enterado de su problema, había intentado animarla sugiriendo tontas soluciones para su problema.
-¿Y si matamos a la Clara esa?-había dicho en broma-Podría ayudarnos su secuaz, ese que has dicho que te llevó la nota, ¿no?
-Ah, sí, Pietro-contestó ella riéndose-Pietro es muy guapo-Inmediatamente, notó que Matías seponía celoso-Pero ¡tu lo eres más!-añadió conciliadora.
Habían estado bebiendo desde que habían entredo por la puerta del local, de modo que, a lo tonto a lo tonto estaban, cuanto menos, algo borrachos.
Y así, el uno frente al otro en aquella estancia ruidosa y pobremente iluminada, sus miradas se engancharon.
Un momento después, Matías echó la cabeza hacia delante y acercó su rostro el de ella.Helena se quedó quieta y callada, indecisa, y Matías, envalentonado por el alcohol y ansioso por hacer lo que estaba a punto de hacer, simplemente la besó.
Lo cierto es que apenas pudo llamarse beso, más bien rozó sus labios con timidez.Helena, que estaba ávida de cariño y de consuelo (y también bebida) fue la que profundizó ese beso.Quizá solo buscaba consuelo, olvido o un remedio para aquella pena infinita que se extendía por todo su ser, pero cuando besó a Matías, solo Zarek aparecía en su mente.
Los labios de Zarek eran más fríos, y Matías besaba más torpemente, con más timidez, como si temiera echarlo todo a perder por un movimiento en falso.
Entonces Helena apartó sus labios, y negó con la cabeza gacha.Cuando miró a Matías intentó sonreirle, pero este apartó la mirada.
-Mat…
-Déjalo.-musitó el hosco
Yo…lo siento-se disculpó ella llena de angustia-Pero es que…
-¡No tienes que disculparte! La culpa es mía.Hablemos de otra cosa-En un segundo habían mandado al carajo todo el buen rollo y la compenetración que entre ellos existía.
Helena le miró tristemente.
-¡Camarero, otra ronda!-ordenó Matías
-¿De qué?
-De lo que sea-refunfuñó el, y mirando hacia el suelo, se reclinó contra su asiento.
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