Capítulo XI


Cuando Helena bajó al fin del autobús eran casi las seis de la tarde y, como era normal en Noviembre, ya estaba anocheciendo y hacía un frío que pelaba.Lamentó no haberse llevado su abrigo, pero ya era tarde para arrepentirse.
Caminó apresuradamente y atravesó la verja del viejo cementerio, que estaba casi vacío ¡normal! A la hora que era…
La verdad era que aquel lugar no daba precisamente miedo, pese a ser grande era recogido, y estaba muy bien cuidado.Solo se trataba de hileras e hileras de nichos y lápidas.
Pese a que Helena solo había estado dos veces allí se sabía el camino del mausoleo de los Montenegro de memoria.A cada paso que daba, tenía la sensación de que los pies le iban pesando más y más y notaba el corazón pesado como si fuera de plomo.
Se dijo múltiples veces que mejor se marchaba, que ya no avanzaba más, que nada en el mundo merecía el dolor que ella iba a sentir si continuaba…
Pero como de costumbre, los pies acaban llevando a donde nunca jamás hubiésemos querido llegar y acabó encontrándose ante el portón del antiguo mausoleo.
Helena aguantó la respiración, cerró los ojos y empujó la puerta, que se abrió con un chirrido.
El lugar estaba naturalmente oscuro, pero no lo suficiente como para impedirle ver lo que nunca hubiese deseado contemplar.El nicho de Zarek.De su amado Zarek.
Se arrastró hasta ella, y la volvió a mirar.Estaba igual que siempre e igual seguiría.Pasó los dedos por la placa y desprendió la capa de polvo que se habñia formado.Allí se leía su nombre: Pablo Montenegro.
Zarek era solo el pseudónimo que el díscolo hijo menor de Enrique se había puesto cuando comenzó a escribir a los doce años, su nombre real era Pablo, y así figuraba en su tumba.
Helena estuvo perdida en sus pensamientos, mirando hacia un punto perdido durante unos diez minutos.Se sentía tan trágicamente abandonada que no podía ni llorar.
Luego, a tientas en la oscuridad y con la ayuda de teléfono móvil, se dedicó a buscar la verdadera razón de su visita al cementerio: La tumba de Enrique Montenegro.Si había muerto tenía que tener una.
No tardó mucho en hallarla, apartó la capa de polvo que también recubría esa capa y buscó frenéticamente alguna pista.No la había, ya lo había supuesto.
Con el corazón en un puño y sintiéndose más derrotada que nunca, Helena se dirigió a la puerta del mausoleo, lanzó una última mirada hacia el lugar donde descansaba Zarek y salió.
Estuvo deambulando por las calles del cementerio, sin preocuparse esa vez de adónde la llevaran sus pasos.Se sentó en un rincón cualquiera y se dijo que allí se quedaba, en la oscuridad.
Dos minutos más tarde se levantó como movida por un resorte, se preguntó que si es que estaba tonta o qué, y se dispuso a salir del cementerio.
Cuando alcanzó la puerta era ya noche cerrada, a pesar de ser las siete de la tarde.Hacía un frío anormal, que calaba los huesos y se instalaba e el alma.
Helena echó a andar hacia la parada de autobuses, perdida en sus pensamientos, pero de pronto avistó unos malévolos ojos rojos que la contemplaban en la oscuridad.
Los ojos pertenecían a un perrazo de raza boxer, pero era muy raro, porque era blanco entero, nunca había visto uno de ese color.Cuando ella hizo ademán de continuar su camino, el perro le gruñó con tal enfado que la dejó clavada en el sitio sin atreverse a dar un paso.
Estupefacta, observó como el perro se agazapaba, preparado para saltar sobre su víctima: ella.Cerró los ojos aterrorizada, sabiendo que correr o intentar defenderse sería en vano y esperó a que el perro se la tragara de un bocado.
-¡Freddie! ¡Ven aquí!-oyó a un hombre exclamar-¿No ves que asustas a Helenita?-No era ``un hombre´´, era Pietro.
Helena abrió los ojos con sorpresa y miró como Don Escultura acariciaba al perrazo que hace cinco segundos había estado a punto de comérsela y como el bicho aquel ladraba y le lamía las manos, encantado.
-¿Freddie?-aventuró con un hilo de voz- Esa cosa…¿se llama Freddie?
-No le llames cosa.Y sí, se llama Freddie.Por Freddie Mercury-aclaró.
-¿! Qué no le llame cosa!? ¡Tu perro ha estado a punto de matarme!-Chilló indignada.
-No le gustan los desconocidos-replicó él tan tranquilo.
-Pues entonces ¡controla a ese monstruo!
-Si no lo hubiese hecho, a estas alturas estarías muerta.
Helena resopló furiosa.
-Bueno-dijo Pietro.¿qué hacías por aquí? Es tarde y esto está muy alejado.
Durante un segundo, Helena se mordió el labio nerviosa.Luego se dio cuenta de que tenía una excusa perfecta.
-He venido a ver a Zarek-explicó ella.
-Ah-musitó él cortado.
-Y tu ¿qué? ¿me estabas siguiendo?-Inquirió
Pietro puso los ojos en blanco-Tengo cosas mejores que hacer.He venido a soltar un rato en el campo a Freddie, como es albino solo puede salir de noche-Le hizo notar.
Helena asintió.Así que el perro era albino…eso explicaba el colo blanco tan rrao en esa raza, así como el impactante color rojizo de su iris.
Se estremeció y se abrazó a sí misma ¡qué frío tenía, y qué ganas de llegar a casa!
-Éste es el momento en el cual, en las películas de amor, el chico ofrece su abrigo a la chica; pero como yo odio las películas de amor y no tengo abrigo, la señorita deberá conformarse con la calefacción de mi coche.-Era cierto, pese al frío que hacía, Pietro sólo llevaba una fina camiseta de mangas largas de color verde.
-Voy a ir a casa en autobús-Comunicó Helena.
-No es necesario, te llevo-Ofreció él.
-Voy a ir a casa en autobús-Repitió ella sin inmutarse, y comenzó caminar en dirección a la parada.
-¡Helena! No seas arisca…solo quiero llevarte a casa ¡Así compenso el susto que te ha dado mi perro!-Pietro corrió tras ella y la retuvo por un hombro.Helena se revolvió furiosa para decirle que la dejara en paz, pero no había contado con que los ojos azul eléctrico de Pietro la iban a estar mirando, y ni mucho menos con que le iba a dedicar su sonrisa arrebatadora.
-Está bien-susurró sin saber muy bien por qué, dejando que los pasos de Pietro la guiaran hacia un coche Volvo de color negro.
Una vez que Pietro hubo abierto el coche, Helena se dirigió a la puerta trasera y la abrió.
-Si quieres, puedes instalarte en el maletero-Puntualizó él con guasa.
Ella le dirigió una mirada asesina y contuvo el impulso de sacarle la lengua.Luego, se dispuso a sentarse en la parte trasera, ignorando la burla de Pietro.
-Lamento informarte de que ese es el asiento de Freddie-Le comunicó.El perro, como para corroborarlo, gruñó cabreado.
Ella dio un respingo y se apartó con premura.No se fiaba en absoluto de ``Freddie´´.Vaya nombre para un perro tan antipático como ese.
El bicho pasó por su lado, le dedicó una nueva mirada envenenada y se instaló en su sitio, dejando a Helena sin más opciones que las del asiento de copiloto donde se repatingó, convirtiendo su rostro en una máscara de total y perfecta indiferencia.
Pietro sonrió para sí y arrancó.
Al cabo de un par de minutos en silencio, volvió a abrir la boca.Ese hombre parecía no ser capaz de estar callado ni debajo de agua.
-Menuda casualidad que nos encontráramos en medio de ninguna parte a estas horas, ¿no?
-Sí, menuda coincidencia-asintió ella.
-Coincidencias… ¿Tú crees en el destino?-preguntó él a su vez.
-¿En el destino? No.
-¿Por qué no?
-No sé…pues porque no.
-Eso no es una razón válida-insistió Pietro.
-No creo en el destino porque no hay pruebas que demuestren su existencia.
-Tal vez las hay pero no las conocemos-argumentó él mientras conducía.
-Hasta que no salgan a la luz tales pruebas, me temo que seguiré sin creerme nada-arguyó.
-¡Mujer de poca fe!-se rió Pietro.
Estaban ya entrando en la urbe cuando tuvieron que detenerse a causa de un semáforo en rojo.Pietro resopló y Helena empezó a tamborilear con los dedos sobre el salpicadero, incómoda.
-¿Qué es eso?-preguntó de sopetón Pietro, atrapando una de sus manos en las suyas y tratando de voltearla para ver que había dibujado en la palma.
-Nada-espetó ella, devolviendo la mano a su lugar, lo cuál no hizo más que alimentar la curiosidad de él.
-¿Qué tienes ahí que me quieres ocultar?
-Te he dicho que nada, un dibujo tonto, déjalo estar-Maldito semáforo, pensó para sí, ¿por qué no se ponía de una vez en verde?
Él tomó su mano, y esta vez Helena ya no hizo por impedírselo.Lo iba a acabar averiguando igual.
Y allí se encontró Pietro con toda aquella útil información cuidadosamente escrita con tinta negra permanente.Genial.
Él levantó la mirada horrorizada, justo en el momento que el simpático semáforo eligió para ponerse en verde (Helena juraría que se estaba partiendo de la risa con la situación) lo cual provocó que los demás conductores se pusieran a tocar el claxon con desesperación absoluta por avanzar.Y además el chucho se lió a ladrar como un poseso…y Pietro ahí, mirándola estupefacto.
-Este… ¿por qué no arrancas?-sugirió ella con un hilo de voz.
Y él la obedeció en el más absoluto silencio, como un autómata.
-¿Pietro?
-Te dije que no tocaras el tema, ¿vale?..Joder, no hay nada investigable ahí.Y si Clara se entera…-Estaba visiblemente enfadado.
-¿Qué más le da a Clara que yo investigue si no puedo descubrir nada porque no hay nada?-razonó Helena
-¿¡Pero quieres hacer caso de lo que te digo!? Con Clara no se juega, te lo digo en serio.Clara es peligrosa, lo mejor o mejor dicho lo único que debes hacer, es hacerle caso.-exclamó con vehemencia.
Helena no contestó, se enfurruñó y los siguientes dos minutos de viaje transcurrieron en un tenso silencio.Luego se para a pensar.A lo mejor Pietro de verdad solo quiere ayudarla pero, ¿por qué confiar en él? Apenas le conoce…Pero sinceramente, en el fondo piensa que realmente lo que quiere es ayudar.
-Está bien-cede al cabo-Te haré caso-No obstante piensa seguir investigando.
-¿Qué significa que me harás caso?-Inquiere Pietro desconfiado.
-Significa que escribiré ese maldito relato y que le entregaré los textos a la odiosa de Clara-en ese momento, a Helena le da exactamente igual que Clara y Pietro sean amantes, intuye que él no va a traicionarla.
-Y además…-le instó él.
-Y además no seguiré investigando nada de nada.-recitó ella cansinamente.
-Eso es lo que quería oír-sonrió él mientras aparcaba-La princesa se queda aquí-anunció después.
-No me gusta que me llamen princesa-refunfuñó Helena.
-Tienes razón, es un apelativo tonto-coincidió él-Tu nombre es mucho más bonito.
Helena le sonrió, aquel tipo le estaba empezando a caer bien.Aparte de que estaba superbueno.
``Freddie´´ gruñó y ella se sobresaltó.
-Es su hora de cenar-soltó Pietro tan tranquilo, a modo de explicación.
Ella se apresuró a bajar del vehículo y una vez en la calle hizo un movimiento tonto con la mano, a modo de despedida.El coche arrancó con un sonriente Pietro en su interior y Helena se encaminó a su apartamento preguntándose como demonios se le había ocurrido hacer aquello.
Pero en seguida ese recuerdo desapareció de su mente, a pesar de que ya era tarde, el día no había terminado para ella.Y a pesar de que había sido un día largo y difícil, aún le restaba la peor parte…

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